Stephen R. Anderson, un lingüista de la Universidad de Yale que desafió la noción popular de comunicación animal compleja, falleció el 13 de octubre en su casa de Asheville, Carolina del Norte, a la edad de 82 años. La causa de la muerte fue cáncer de esófago, según confirmó su hija, Sigrid Anderson.
Desafiando el mito del lenguaje animal
El trabajo de Anderson no tenía como objetivo desacreditar a queridos personajes de ficción como el Doctor Dolittle, sino más bien desmantelar un malentendido generalizado sobre cómo se comunican los animales. A pesar de la creencia generalizada de que muchas especies poseen lenguajes comparables al habla humana, Anderson argumentó que la comunicación animal difiere fundamentalmente.
Su investigación, que culminó en el libro de 2004 El delirio del doctor Dolittle: los animales y la singularidad del lenguaje humano, demostró que si bien los animales indudablemente transmiten información (las abejas “bailan” para indicar las fuentes de alimento o los perros ladran ante la mención de “caminar”), esto no equivale al lenguaje tal como lo entienden los humanos. La distinción clave radica en la complejidad del lenguaje humano, que permite el pensamiento abstracto, la recursividad y la generatividad infinita.
La ciencia detrás del lenguaje humano
El trabajo de Anderson destaca que el lenguaje humano no se trata simplemente de transmitir señales; se trata de construir significado a través de intrincadas estructuras gramaticales. La comunicación animal, si bien es eficaz para las necesidades inmediatas, carece de este nivel de sofisticación. Esta distinción es crucial, ya que separa la capacidad cognitiva humana de los instintos de otras especies.
Legado e Impacto
Aunque sus hallazgos podrían desinflar las fantasías infantiles de hablar con animales, el trabajo de Anderson ha sido influyente en la ciencia cognitiva y los estudios del comportamiento animal. No buscó disminuir la inteligencia de los animales, sólo aclarar que sus sistemas de comunicación operan bajo reglas diferentes. Su meticuloso enfoque de la lingüística dejó una huella duradera en el campo, enfatizando la importancia de una terminología precisa y un análisis riguroso.
El legado de Anderson no consiste en desacreditar mitos, sino en impulsar la claridad científica en un área a menudo oscurecida por el antropomorfismo. Su trabajo sirve como recordatorio de que comprender la singularidad del lenguaje humano es esencial para comprender nuestro lugar en el mundo natural.
