Una nueva investigación ha retrasado la línea temporal del surgimiento de la vida en la Tierra, revelando débil evidencia química de actividad biológica en rocas que datan de hace 3.300 millones de años. Este descubrimiento, posible gracias a la combinación de química avanzada con inteligencia artificial, también sugiere que la fotosíntesis productora de oxígeno surgió casi mil millones de años antes de lo que se pensaba.
Reescribiendo la historia de la vida temprana
Durante décadas, los científicos han buscado pruebas definitivas de vida en las rocas más antiguas de la Tierra. El desafío radica en la degradación de las moléculas orgánicas a lo largo de miles de millones de años. La mayoría de los vestigios de la vida temprana han sido aplastados, calentados y fracturados por procesos geológicos, dejando solo restos fragmentados. Este nuevo estudio demuestra que incluso estos débiles “susurros químicos” contienen información diagnóstica sobre la vida antigua.
El papel de la IA en el descubrimiento de secretos antiguos
El equipo de investigación internacional, dirigido por el Instituto Carnegie para la Ciencia, entrenó un sistema de inteligencia artificial para reconocer huellas moleculares sutiles dejadas por organismos vivos. Al analizar más de 400 muestras, desde plantas y animales modernos hasta fósiles y meteoritos de mil millones de años de antigüedad, la IA distinguió los materiales biológicos de los no biológicos con más del 90% de precisión. Este avance duplica aproximadamente el período de tiempo que los científicos pueden estudiar utilizando biofirmas químicas, lo que hace retroceder el límite de detección a hace 2.500 millones de años para signos de fotosíntesis.
La importancia de los ecos químicos
“La vida antigua deja más que fósiles; deja ecos químicos”, explica el Dr. Robert Hazen, coautor principal de Carnegie. “Utilizando el aprendizaje automático, ahora podemos interpretar de forma fiable estos ecos por primera vez”. El método se basa en análisis químicos de alta resolución para descomponer materiales orgánicos e inorgánicos en fragmentos moleculares y luego identificar patrones indicativos de actividad biológica.
Implicaciones para la búsqueda de vida extraterrestre
Este enfoque tiene profundas implicaciones para la búsqueda de vida más allá de la Tierra. Las mismas técnicas podrían aplicarse para analizar muestras de Marte u otros cuerpos planetarios, aumentando las posibilidades de detectar evidencia de vida pasada o presente. La capacidad de detectar firmas químicas débiles, incluso en muestras muy degradadas, amplía drásticamente las posibilidades de encontrar vida en otras partes del universo.
Ampliando la ventana para la detección de vida
Hasta ahora, sólo se habían encontrado rastros moleculares fiables de vida en rocas de menos de 1.700 millones de años. Este nuevo método amplía significativamente esa ventana, abriendo vastos territorios nuevos para la exploración científica. El descubrimiento subraya el poder de la colaboración interdisciplinaria, combinando la química de vanguardia con las capacidades analíticas de la inteligencia artificial.
La capacidad de reconstruir las débiles firmas químicas de la vida antigua es un importante paso adelante en la comprensión de los orígenes y la evolución temprana de la vida en la Tierra y más allá.


























