La ciencia de hacer menos: cómo el descanso profundo puede revitalizar su salud

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La ciencia de hacer menos: cómo el descanso profundo puede revitalizar su salud

El nuevo año suele traer una avalancha de consejos de bienestar: hacer más ejercicio, comer mejor, dedicarse a pasatiempos. Pero ¿qué pasaría si la clave para una mejor salud no fuera hacer más, sino dominar el arte de hacer lo menos posible? Los científicos se centran cada vez más en el poder del descanso profundo : un estado fisiológico en el que el cuerpo le indica al cerebro que todo está seguro y que no hay necesidad de alarmarse.

El costo del estrés crónico

Durante siglos, los seres humanos hemos luchado contra el estrés. Desde la revolución industrial hasta el actual ciclo de noticias 24 horas al día, 7 días a la semana, la presión sigue siendo una constante. El estrés moderno no se trata sólo de trabajo o finanzas; está alimentado por una conciencia implacable de las crisis globales, lo que crea un malestar subyacente que tiene graves consecuencias para la salud. Más de una cuarta parte de los adultos estadounidenses informan que el estrés interfiere con la vida diaria, y el estrés crónico está relacionado con la depresión, las enfermedades cardíacas e incluso el cáncer.

El cuerpo no maneja el estrés de manera eficiente. Los experimentos muestran que el estrés psicológico por sí solo puede aumentar el gasto de energía hasta en un 67%. La exposición prolongada a las hormonas del estrés acelera el envejecimiento celular, lo que obliga al cuerpo a desviar recursos de procesos vitales como la digestión y la reparación. El cerebro predice constantemente amenazas, inundando el sistema con hormonas incluso cuando no existe una verdadera crisis. Este exceso metabólico conduce a fatiga, tensión y mayor riesgo de enfermedades.

Descanso profundo: más allá de la relajación

La psicóloga Alexandra Crosswell de UC San Francisco, junto con sus colegas, propone que el descanso profundo no es simplemente relajación, sino un cambio fundamental en los sistemas nervioso, endocrino e inmunológico. Es una señal coordinada de seguridad, que permite al cuerpo reagruparse y repararse. Esto difiere del “descanso profundo sin dormir” de Andrew Huberman, que Crosswell describe como una práctica de relajación más que como un estado psicofisiológico completo.

La clave es aprovechar el “interruptor de apagado” natural del cuerpo. Las prácticas contemplativas como la meditación, el yoga, el canto y el qigong se han relacionado desde hace mucho tiempo con una mejor salud. Los investigadores ahora están identificando por qué. Estas prácticas no sólo calman la mente; reducen activamente la demanda de energía, lo que permite que el cerebro asigne recursos para la restauración en lugar de alimentar una respuesta constante al estrés.

Cómo activar el descanso profundo

Varias técnicas pueden desencadenar este cambio:

  • Respiración lenta y profunda: Respirar a unas seis respiraciones por minuto activa sensores sensibles al estiramiento en el pecho, estimulando el nervio vago y desencadenando el sistema nervioso parasimpático (la respuesta de “descanso y digestión”).
  • Atención plena y meditación: Alejar la atención de las ansiedades futuras y centrarla en el momento presente indica seguridad al cerebro.
  • Conexión social: Las relaciones sólidas y de apoyo brindan un “apoyo alostático” crucial, lo que reduce el estrés y mejora la salud. Los seres humanos están preparados para conectarse y los vínculos sociales son un poderoso regulador.
  • Toque afectivo: Acariciar suavemente a la temperatura corporal activa las fibras aferentes táctiles C, lo que reduce la frecuencia cardíaca y promueve la actividad parasimpática. Incluso un cepillo de cerdas suaves puede imitar el efecto calmante del tacto humano.

Por qué esto es importante

El cuerpo no está diseñado para soportar un estrés crónico de bajo nivel. Estar constantemente “un poco activo” agota los recursos y hace que el sistema de lucha o huida sea menos efectivo cuando surge una amenaza real. El descanso profundo no se trata de evitar el estrés por completo, sino de crear la capacidad de recuperarse de él.

En última instancia, el objetivo no es eliminar el estrés, sino equilibrarlo con períodos de profunda seguridad fisiológica. Al aprender a indicarle al cuerpo que todo está bien, podemos conservar energía, mejorar la salud y abrir un camino más sostenible hacia el bienestar.

El descanso profundo no es un lujo, es una necesidad biológica. Darle prioridad puede ser el propósito de Año Nuevo más eficaz hasta el momento.