Ahorros inesperados de agua en California: por qué las proyecciones fueron incorrectas y qué significa

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California ha utilizado consistentemente menos agua de lo previsto durante las últimas dos décadas, revela un nuevo informe, desafiando suposiciones arraigadas sobre la demanda de agua en el estado. Esta discrepancia no es sólo un error contable; tiene implicaciones reales sobre cómo California gestiona sus preciosos recursos hídricos, incluidos los costos para el consumidor y la resiliencia a la sequía.

El problema de la sobreestimación

De 2000 a 2020, los proveedores de agua urbana de California sobreestimaron la demanda futura en un promedio de 25% para proyecciones de cinco años, y un asombroso 74% para pronósticos de veinte años. El error no proviene de calcular mal el crecimiento de la población, sino de proyectar consistentemente que los individuos usarían más agua de la que realmente usaron. En realidad, la demanda de agua per cápita disminuyó 1,9% anualmente durante ese período, lo que significa que los aumentos de población no se tradujeron automáticamente en un mayor consumo de agua.

Esta tendencia es significativa porque la planificación de la infraestructura hídrica (incluidos los costos de nuevos suministros e instalaciones de tratamiento) a menudo se basa en estas proyecciones. La sobreestimación de la demanda genera gastos innecesarios que repercuten en los consumidores.

¿Por qué las proyecciones son incorrectas?

Los ahorros de agua del estado se deben en gran medida a cambios deliberados de política y a un cambio gradual de comportamiento. Regulaciones como el Código de Estándares de Construcción Ecológica de California y la Ordenanza Modelo de Paisaje con Uso Eficiente del Agua exigen electrodomésticos que ahorren agua en las nuevas construcciones y limitan el uso intensivo de agua en el paisajismo. Los reembolsos por paisajismo tolerante a la sequía y las campañas de concientización pública también han influido.

A medida que las comunidades se vuelven más densas y los céspedes se reducen, la demanda natural de agua cae. La conclusión clave es que California ha demostrado que ha desvinculado el crecimiento económico del consumo de agua, lo que demuestra que es posible desarrollarse y prosperar utilizando menos agua.

El efecto meseta y los desafíos futuros

Si bien el uso de agua per cápita cayó de manera constante entre 2000 y 2015, la disminución se desaceleró entre 2015 y 2020. Esto genera preocupación de que los esfuerzos actuales de ahorro de agua puedan estar estancados, lo que significa que mayores reducciones requerirán nuevas estrategias.

California todavía enfrenta desafíos de suministro de agua a largo plazo, especialmente a medida que el cambio climático intensifica las sequías. A pesar de estos ahorros, la gestión del agua sigue siendo fundamental para garantizar que los embalses y las reservas de agua subterránea puedan resistir períodos prolongados de sequía. El Distrito Metropolitano de Agua del Sur de California estima que sus iniciativas de eficiencia hídrica han evitado tres crisis importantes de suministro de agua sólo en las últimas tres décadas.

Más allá del hogar: nuevas oportunidades

La siguiente fase de la conservación del agua debe ir más allá de los hábitos individuales (“cepillarse los dientes sin abrir el grifo”) para abordar cambios sistémicos más amplios. Esto incluye códigos de construcción más estrictos, regulaciones de paisajismo y reducción de fugas en los sistemas de distribución de agua. Un estudio reciente del Pacific Institute muestra que mejorar la infraestructura estadounidense podría ahorrar entre 14 y 34 millones de acres-pie de agua al año, suficiente para reducir el uso nacional de agua hasta en un 25%.

El éxito de California demuestra que un futuro sostenible es posible, pero el esfuerzo sostenido y la adaptabilidad son esenciales. El Estado debe seguir perfeccionando sus proyecciones, invertir en eficiencia y prepararse para los inevitables desafíos que se avecinan.