Los recientes descubrimientos arqueológicos en York, Inglaterra, desafían las suposiciones arraigadas sobre las prácticas de duelo romanas. Contrariamente a los registros históricos que sugieren que no se debía llorar a los bebés menores de un año, los investigadores han descubierto evidencia de que incluso a los recién nacidos se les daban entierros elaborados, reservados para la élite romana. Este hallazgo resalta una desconexión entre los textos legales oficiales y las realidades emocionales de las familias romanas.
Los entierros de yeso revelan un dolor inesperado
La investigación, realizada por la Universidad de York y el York Museums Trust, se centra en raros “entierros de yeso” donde los cuerpos estaban encerrados en yeso líquido, una sustancia similar al yeso que se endurecía con el tiempo. Estos entierros, que antes se pensaba que eran exclusivos de adultos, ahora incluyen al menos a siete niños, tres de los cuales tenían menos de cuatro meses.
La práctica en sí es inusual : los cuerpos se colocaban en sarcófagos (piedra o plomo) y luego se inundaban con yeso líquido antes de que se solidificara. Esto conservó detalles de la ropa, insinuando un alto estatus social.
Contradicciones entre la ley y la práctica
Fuentes legales romanas indicaron que las muertes infantiles eran tan comunes que no justificaban luto público. Sin embargo, la arqueóloga Maureen Carroll sostiene que esta restricción se aplicaba sólo a las manifestaciones públicas de dolor, no a los sentimientos privados. “No tenían relación con sentimientos como el dolor o el sentimiento de pérdida sentido y expresado por la familia superviviente en privado”, explica.
Los lujosos entierros demuestran afecto
Un ejemplo sorprendente es el de un recién nacido enterrado en 1892 con un manto de lana teñida de púrpura y decorado con hilo de oro. Las impresiones de la tela siguen siendo visibles hoy y marcan el único entierro de yeso que contiene textiles teñidos. Esto sugiere que incluso los niños eran tratados con reverencia y gasto.
Otro caso involucró a un niño de aproximadamente cuatro meses enterrado entre dos adultos, posiblemente miembros de la familia. Una niña (de 7 a 9 años) fue enterrada con joyas, zapatos e incluso los huesos de un pollo, lo que indica una profunda conexión personal. Las exploraciones revelan que pudo haber sufrido una enfermedad prolongada antes de morir.
El análisis continuo busca más información
Los investigadores ahora están analizando la carcasa de yeso en busca de sustancias aromáticas como el incienso, además de probar el tinte púrpura (posiblemente de caracoles murex) y los hilos de oro. Este examen detallado podría revelar más sobre los rituales funerarios y los recursos económicos dedicados a estas ceremonias.
Estos descubrimientos demuestran que los textos legales romanos, a menudo escritos por hombres mayores, no reflejaban las experiencias vividas por las familias. La evidencia confirma que incluso en una sociedad con una alta mortalidad infantil, los niños eran valorados y llorados, lo que contradice la idea de que los romanos desestimaban casualmente las muertes infantiles.


















