Choque de terminación: por qué detener la geoingeniería solar podría ser peor que no hacer nada

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Interrumpir abruptamente la geoingeniería solar podría desencadenar un “shock de terminación” de temperaturas que rebotan rápidamente, haciendo que el daño climático sea aún más severo que si la humanidad continuara con un calentamiento global sin cesar. Este hallazgo contradictorio subraya los crecientes riesgos de depender de la geoingeniería como solución rápida a la crisis climática.

El creciente interés en la geoingeniería solar

A medida que aumentan las emisiones de gases de efecto invernadero, la idea de enfriar temporalmente el planeta mediante la modificación de la radiación solar (SRM) está ganando terreno. Un método propuesto implica inyectar aerosoles en la estratosfera para bloquear la luz solar, una táctica que podría enmascarar el calentamiento durante décadas. Sin embargo, este enfoque no es una solución única. Requeriría un funcionamiento continuo durante siglos. Si se detuviera prematuramente, el calentamiento encubierto se recuperaría a un ritmo acelerado, dejando a los ecosistemas y las sociedades con poco tiempo para adaptarse.

El cálculo económico del riesgo climático

Investigadores de la Universidad Nacional Autónoma de México modelaron las consecuencias económicas de la inacción climática versus la GRS. Su análisis sugiere que las emisiones no controladas podrían provocar un calentamiento medio de 4,5°C para 2100, causando daños por aproximadamente 868.000 millones de dólares. En teoría, un programa de inyección de aerosoles estratosféricos bien gestionado podría reducir a la mitad estas pérdidas manteniendo el calentamiento más cerca de 2,8°C. Pero… si ese programa se pusiera fin repentinamente en 2030, las temperaturas repuntarían sólo 0,6 °C en ocho años y los daños podrían superar *el billón de dólares. La conclusión clave: una parada repentina sería peor que no hacer nada en absoluto.

La paradoja de la gobernanza

La viabilidad de SRM depende de tasas de fracaso extremadamente bajas. Para evitar el impacto de la terminación, la inyección de aerosoles tendría que continuar con una probabilidad de interrupción anual de sólo unas pocas décimas de porcentaje. O, si la rescisión fuera inevitable, requeriría un retiro gradual a lo largo de más de 15 años. El problema es que mantener esa estabilidad requiere una cooperación internacional sin precedentes, cooperación que está siendo socavada activamente por actores importantes como Estados Unidos. La paradoja es que si las emisiones globales estuvieran bajo control, la necesidad de SRM disminuiría.

Participación del sector privado y tendencias futuras

A pesar de los riesgos, las empresas privadas ya están experimentando con SRM. Empresas emergentes como Make Sunsets han liberado dióxido de azufre a la estratosfera, mientras que Stardust ha presionado a los gobiernos para obtener financiación. Una encuesta reciente sugiere que dos tercios de los científicos esperan un despliegue de SRM a gran escala este siglo. Para enfriar la Tierra con éxito en 1°C se requeriría un esfuerzo sostenido y coordinado que involucrara al menos 100 aviones que dispersaran millones de toneladas de aerosoles anualmente.

En última instancia, el estudio sugiere que la investigación en geoingeniería solar no es necesariamente una pendiente resbaladiza para su implementación, pero sí resalta los desafíos extremos de gobernanza involucrados. La necesidad de una confiabilidad casi perfecta subraya el hecho de que la solución más efectiva sigue siendo reducir las emisiones de gases de efecto invernadero.

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